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El dolor del duelo en tiempos de Covid

  • Foto del escritor: Mayte
    Mayte
  • 8 oct 2021
  • 3 min de lectura

Mientras se habla de vacunados y de contagiados a raíz de esta pandemia, nos hemos olvidado del número de muertes por Covid y de otras enfermedades que no lo fueran y especialmente nos hemos olvidado del sufrimiento de sus familiares.


Se ha necesitado una pandemia para darnos cuenta de que somos frágiles y efímeros, que necesitamos los abrazos y los besos, el tacto del otro, las miradas profundas que nos hablan de gratitud, de amor, de empatía ...

Aun intentamos procesar un duelo de alguien muy querido, porque en ese momento no nos podíamos acercar a los cuerpos fríos de los cadáveres, que se han ido amontonando y sus informes de fallecimiento, ya forman parte de alguna carpeta en algún despacho o algún almacén.

Ahora que recordamos a los muertos, ahora que aún estamos vivos, que sentimos esta inmensa pena, que deslizamos entre las fases del duelo entre la ira, la negación, nos hacemos más preguntas que nunca.

¿Quién fue la última persona que le atendió, y como lo hizo? ¿Le cogió la mano? ¿Estuvo alguien a su lado? ¿Cómo le reconfortó? ¿La persona encargada de cuidarlo, realmente pudo estar unos minutos reconfortándole o simplemente acompañándolo? ¿Estuvo cómodo sus últimos minutos de vida?

¿Qué ha pasado en las residencias donde nuestros familiares vivían?

La gran vulnerabilidad del colectivo de las personas mayores, ha sido uno de los que más lo ha sufrido. Antes de la pandemia, el sector de las residencias ya estaba bastante débil, con una falta de buenos profesionales por la precariedad laboral.


Suena el teléfono y una voz cálida me da la noticia de su muerte. Y no puedo hacer nada, sólo esperar. ¿Esperar a qué? A un "funeral" limitado y frío, donde ni siquiera me podré despedir. Al cabo de unos días, cuando menos me lo espero vuelve a sonar el teléfono para decirme que las cenizas ya están a mi disposición. ¡Como si fuera algo que he comprado por internet! Y no sé qué hacer. No las puedo tener en casa, porque me haría daño. No las puedo ir a buscar por las restricciones de circulación. Y allí se quedan, a que sea el momento idóneo para llevarlas a su tierra. Mi mente quiere recordar el último día que te vi, tu última sonrisa, nuestro último abrazo ...

La culpabilidad de pensar qué podría haber hecho yo. ¿Lo hice bien? ¿Qué sentido tiene? Miles y miles de preguntas sin respuesta que no llevan a ninguna parte, y que batallan por los cerebros intoxicados de las noticias de la televisión.



Pepe y Antònia

Estos dolores del alma que nos ha dejado huérfanos de los seres queridos, este duelo que cuesta de procesar, esta depresión en la que están cayendo tanto los familiares, como los compañeros de convivencia en las residencias. Se han ido consumiendo poco a poco, encarcelados, sólo en las habitaciones, sin el contacto de los otros, o poquísimas visitas. ¡Muchos han muerto de pena! ¿Quien los, y nos consuela? ¿Quien los, y nos consolará? ¿Realmente, la Sanidad Pública ha valorado los duelos de esta pandemia? De todas las pérdidas que hemos tenido y tenemos desde que comenzó todo esto.

Desde tiempos inmemoriales, se ha realizado varios rituales en torno a la muerte y a su despedida. Esta pandemia nos ha prohibido realizarlos, dejándonos con un vacío, el cual, no es necesario ser un profesional de la salud mental, para saber que este duelo será muy difícil de digerir. Además, nuestra sociedad tiene miedo a la muerte, y nos planteamos aún más preguntas que siguen atormentando a los supervivientes.

Y la más importante: ¿Quién es el responsable de este genocidio?


Mayte Este texto ha sido premiado en el II Concurs literari del Servei de Salut Mental d’Adults de l’Alt Penedès, “Les Paraules Parlen per Tu”.

 
 
 

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